martes, 27 de octubre de 2026

La ciencia cabe en un sello: un viaje por mi colección filatélica

Hay aficiones que empiezan con una pregunta, otras con una casualidad y algunas con un pequeño trozo de papel dentado.

Aunque ahora os pueda parecer increíble, muchos niños de los años 80 empezamos a coleccionar sellos porque eran bastante más accesibles que los cromos. Pero pronto descubríamos que aquellos pequeños rectángulos de papel eran mucho más que el justificante de que habíamos pagado el envío de una carta: podían homenajear a alguien que había cambiado nuestra forma de entender el mundo, celebrar un descubrimiento o abrir una ventana a países lejanos. Todo un universo en miniatura, en una época en la que internet ni siquiera asomaba por nuestros sueños.

Entre mis distintas colecciones temáticas, hay una a la que le tengo especial cariño. A ver si lo adivináis… ¡la Ciencia, por supuesto! En ella conviven médicos, inventores, astrónomos, biólogos, instituciones y acontecimientos científicos de multitud de países. Juntos forman un pequeño recorrido por la historia de la ciencia y, de paso, nos permiten descubrir cómo hemos querido representarla en nuestros sellos.

Páginas de mi colección temática Science, sección Spain.

Hoy os propongo dar una vuelta por mi Álbum de Ciencia, deteniéndonos en su sección dedicada a España. ¡Vamos allá!

Un científico puede caber en un retrato

Uno de los protagonistas indiscutibles de la colección es Santiago Ramón y Cajal. Su rostro aparece en una emisión de 1934, pocos días después de su fallecimiento, y vuelve a hacerlo en sellos de 1952 y en dos hojas bloque más recientes: una de 2023, dedicada a Cajal y a ocho de sus discípulos, y otra de 2025, que rinde homenaje a las mujeres que formaron parte de su escuela. Cuatro emisiones distintas para recordar a una misma figura fundamental de la ciencia.

Los cuatro sellos dedicados a Santiago Ramón y Cajal

Cajal fue uno de los grandes impulsores de la neurociencia moderna. Sus investigaciones sobre el sistema nervioso y sus extraordinarias observaciones microscópicas contribuyeron a establecer que el tejido nervioso está formado por células individuales, las neuronas, y no por una red continua como se había defendido anteriormente. En 1906 recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina, compartido con Camillo Golgi. 

Teniendo en cuenta el estado de la Ciencia en España entonces (y ahora) lo del Premio Nobel a Ramón y Cajal creo que todavía no lo hemos puesto en valor. Fue algo tan improbable como merecido.

Un retrato postal no puede explicar por sí solo semejante trayectoria. Pero sí puede despertar la curiosidad suficiente para que alguien se pregunte quién fue aquel señor de mirada seria y por qué acabó apareciendo en un sello. Y eso ya es una pequeña victoria para la divulgación científica.

La Ciencia como esfuerzo colectivo

No todos los sellos científicos están dedicados a grandes figuras. Algunos celebran congresos, instituciones o acontecimientos que reúnen a investigadores de distintas disciplinas.

En mi colección hay emisiones relacionadas con la Federación Internacional de Astronáutica, un congreso de radiología, otro de bioquímica y una conferencia internacional de espectroscopia celebrada en Madrid.

A primera vista, quizá no tengan el atractivo inmediato de un retrato famoso o de una imagen espectacular del espacio, aunque a mí me parecen todos muy bonitos. Pero cuentan una historia importante: la ciencia también es una actividad colectiva.

Congresos científicos en los años 60. Hay premio para quien diga el nombre del caballo del primer sello y el del señor del segundo 😆
Un descubrimiento puede llevar el nombre de una persona, pero casi siempre, por no decir siempre, se apoya en conocimientos anteriores, instrumentos desarrollados por otros equipos, resultados obtenidos en distintos laboratorios y discusiones entre investigadores.

Los congresos científicos son parte de ese proceso. Sirven para compartir resultados, contrastar ideas y abrir nuevas líneas de investigación. Que un sello postal conmemore uno de estos encuentros significa que, durante un momento, una actividad especializada pasó a formar parte de la memoria pública.

Y eso también merece un lugar en un álbum.

Cuarenta años soñando estrellas

Para quienes disfrutamos de la astronomía, hay una pieza de la colección que tiene un atractivo especial: el sello dedicado al 40.º aniversario del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), emitido en mayo de 2025.

El aniversario conmemora un acontecimiento importante para la astronomía española. En junio de 1985 se inauguraron oficialmente la sede central del Instituto, en La Laguna, y sus observatorios: el del Teide, en Tenerife, y el del Roque de los Muchachos, en La Palma.

Desde entonces, el IAC se ha consolidado como un centro de referencia internacional en astrofísica. Sus observatorios aprovechan las excelentes condiciones del cielo canario para estudiar el universo y forman parte de una infraestructura científica en la que trabajan investigadores e instituciones de distintos países.

El sello de 1985 dedicado a la inauguración de los observatorios de Canarias junto al sello de 2025 que conmemora el 40 aniversario del acontecimiento.

El sello, perteneciente a la serie España es. Ciencia, lleva por lema «40 años soñando estrellas». Y, aunque suene poético, detrás de esas cuatro palabras hay telescopios, instrumentación compleja, desarrollo tecnológico, noches de observación y mucho trabajo científico.

Un sello puede conducirnos desde una página del álbum hasta una montaña canaria, de allí a un telescopio y, finalmente, a preguntas sobre galaxias, estrellas y planetas. No está nada mal para un objeto que, en su día, sirvió para pagar el envío de una carta.

Del wolframio a Marie Curie: la química también tiene rostro

La química tiene una presencia especial en mi colección, y dos sellos muy distintos permiten recorrer parte de su historia: uno dedicado al wolframio y otro a Marie Curie.

En 1983 se emitió un sello conmemorativo del bicentenario del descubrimiento del wolframio, un elemento químico cuyo símbolo es W y de número atómico 74. Su historia está vinculada a España: los hermanos Juan José y Fausto de Elhuyar lograron aislarlo en 1783 a partir de la wolframita. El wolframio destaca, entre otras propiedades, por su elevadísimo punto de fusión, que lo hace útil en diversas aplicaciones industriales.

El segundo sello nos lleva hasta 2011, declarado por las Naciones Unidas Año Internacional de la Química. Correos conmemoró la ocasión con una emisión dedicada a Marie Curie, coincidiendo con el centenario de la concesión de su Premio Nobel de Química.

Marie Curie fue una científica de origen polaco y nacionalidad francesa que realizó contribuciones fundamentales al estudio de la radiactividad. Junto con Pierre Curie descubrió el polonio y el radio, y recibió el Nobel de Física en 1903. En 1911 obtuvo el de Química por sus investigaciones sobre el radio y el polonio. Fue la primera persona en recibir dos premios Nobel en disciplinas científicas diferentes.

Emisiones dedicadas a los hermanos Elhuyar y a Marie Curie

Dos sellos, dos historias y dos maneras de acercarse a la química. Ambas nos recuerdan que la ciencia avanza intentando comprender mejor el mundo que nos rodea. Porque, al fin y al cabo, de eso se trata: la Ciencia no es más que la búsqueda de respuestas y el planteamiento de nuevas preguntas sobre el universo.

Margarita Salas, una científica que consiguió que el ADN hablara

Su sello forma parte de la serie Mujeres en la Ciencia, emitida por Correos en 2021. Y no, no es un simple homenaje para compensar que durante décadas aparecieran muchas más barbas que mujeres en nuestros sellos científicos. Margarita Salas tiene méritos propios de sobra para ocupar su lugar en el álbum.

Su investigación se centró, entre otras cosas, en el bacteriófago Phi29, un virus que infecta bacterias. Estudió cómo se replica su ADN y contribuyó a caracterizar la ADN polimerasa del virus, una enzima capaz de copiar material genético con gran eficacia. Esta herramienta se ha convertido en un recurso muy útil en ámbitos tan diversos como la medicina forense, la investigación oncológica y la arqueología.

Sello dedicado a nuestra gran Margarita Salas
El sello dedicado a Margarita Salas no solo reconoce una trayectoria individual; también nos recuerda que la ciencia española ha contado con investigadoras capaces de realizar contribuciones de alcance internacional. Conviene que sus nombres aparezcan en nuestros álbumes, pero, sobre todo, que aparezcan en nuestros libros de historia.

Un eclipse que ya tiene su lugar en la colección

Y volviendo a la Astronomía, hay un sello que conecta la colección con un acontecimiento que hemos vivido muy de cerca y hace muy poco tiempo: el eclipse solar total del 12 de agosto de 2026.

Correos le dedicó una hoja bloque de la serie Ciencia, con un sello de 4 euros que muestra el fenómeno y la franja de la península desde la que podía observarse como total. No es solo una bonita imagen del cielo, también es una forma de divulgar un fenómeno astronómico extraordinario y de recordar que la ciencia no vive únicamente en los libros o en los observatorios. A veces, basta con levantar la vista al cielo… y, en este caso, tener unas gafas de observación solar adecuadas.

Una de las últimas incorporaciones a la colección, el Eclipse de 2026

¿Qué convierte un sello en un sello científico?

Llegados a este punto, quizá convenga hacerse una pregunta: ¿qué hace que un sello pertenezca a una colección de filatelia científica? La respuesta no siempre es sencilla, o tal vez sí.

Un sello puede mostrar a un investigador, representar un instrumento científico, conmemorar un descubrimiento o celebrar una institución. También puede estar dedicado a una persona cuya actividad combinó ciencia, medicina, ingeniería y otras áreas del conocimiento.

Por eso, construir una colección temática implica algo más que reunir imágenes que parezcan científicas. Hay que establecer unos criterios, estudiar las piezas y decidir qué relación tienen con el tema que queremos representar.


En mi caso, la colección Science reúne emisiones muy diversas, algunas son fáciles de clasificar; otras invitan a detenerse, investigar y debatir dónde encajan mejor. Esa búsqueda forma parte de la afición. Pero sobre todo, cada colección debería responder a un criterio fundamental: ¡incluye lo que te guste a ti!

Como curiosidad, tengo secciones de la colección Science dedicadas a Alemania, Rusia+Unión Soviética, España, Francia, Hungría, Suecia, Polonia, Rumanía, Checoslovaquia, Italia, Austria, Bélgica, Noruega... y así hasta 1,600 sellos de 60 países, de momento.

Un álbum lleno de preguntas

Una colección científica nunca está terminada, aunque consigamos reunir todas las piezas que nos habíamos propuesto buscar. Siempre aparece un nombre desconocido, una emisión que no habíamos visto o una historia que merece la pena investigar.

Y quizá esa sea una de las cosas más bonitas de esta afición: coleccionar no consiste solamente en poseer objetos, sino también en aprender a mirarlos.

Un sello de Ramón y Cajal puede llevarnos hasta las neuronas; uno de Margarita Salas, hasta las herramientas que permiten estudiar y copiar el ADN; uno de los observatorios canarios, hasta los telescopios y el universo; y uno dedicado al wolframio, hasta la historia de la química.

La ciencia ocupa bibliotecas enteras, laboratorios, observatorios y centros de investigación repartidos por todo el mundo. Sin embargo, también puede encontrar sitio en un álbum de sellos.

Porque la ciencia cabe en un sello. Lo que no cabe es todo lo que podemos aprender de él.

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